-Obituario/Tributo de la *Revista Ahora* de Marlene Lara -

«El 16 de agosto de 1939, en la ciudad de La Paz, nació David Santalla, el hombre que, sin saberlo aún, transformaría la risa en una expresión profunda del espíritu boliviano. Durante más de seis décadas, su nombre se convertiría en sinónimo de humor inteligente, crítica social y ternura popular. Fue actor, comediante, ingeniero, instructor militar, hombre de radio, de teatro y de cine; pero, ante todo, fue un creador incansable que vivió —como él mismo decía— “cien por ciento del teatro y para el teatro”.

INFANCIA SOLITARIA Y PRIMERAS HISTORIAS


Aunque era el cuarto hijo, su infancia estuvo marcada por la soledad. Sus hermanos mayores no lo incluían en sus juegos y en casa ya no abundaban los juguetes. En el patio de su hogar, en el barrio Miraflores, el pequeño David comenzó a inventar su propio mundo: jugaba con piedras, las pintaba, construía ciudades imaginarias con las más grandes y creaba personajes. Allí, entre tierra y fantasía, nació el germen del humorista.

Aquella necesidad de inventar historias para no sentirse solo fue su primera escuela teatral. La imaginación se convirtió en refugio y en herramienta. Sin público aún, pero con una creatividad desbordante, empezaba a gestarse el artista.

“Davicho es un niño de los años 40 que vive, juega, travesea, corre inquieto y revoltoso en ese barrio y, así, pequeño como es, tiene cinco años de edad, ya se ha dado a conocer a varias cuadras a la redonda como el ‘hijo del Coronel’”. (David Santalla en su libro: Aquel Niño Travieso que Fui).

EL EXILIO Y LA AVENTURA HACIA CHILE

“El padre de don David, el coronel de la Fuerza Aérea Boliviana, Alfredo Santalla Estrella, héroe de la Guerra del Chaco, era un hombre de carácter recio y semblante severo. Sin embargo, su hijo lograba arrancarle más de una carcajada y se convirtió siempre en la alegría de su madre, doña Lilí Barrientos Méndez. Así, entre tardes de piscina y versos poéticos, comenzaron a gestarse las primeras líneas del gran libreto de su vida.”

Un hecho decisivo marcó su niñez: el exilio de su padre a Chile por el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). Tiempo después, con tan solo diez años, el pequeño David tomó una decisión audaz: viajar solo para reencontrarse con él. Emprendió la travesía por tierra hasta Arica y, desde allí, continuó por barco rumbo a Santiago.

Su padre, al enterarse del viaje, salió a su encuentro. Santalla recordaría siempre esa escena: vio un bote acercarse al barco donde viajaba. En él iba su padre. Cuando se abrazaron, ambos rompieron en llanto. Fue un reencuentro que selló su carácter y su sensibilidad.

En Chile pasó buena parte de su juventud. Estudió en el Internado Nacional Barros Arana de Santiago, donde obtuvo el bachillerato. Nunca se sintió discriminado por su nacionalidad y, por el contrario, fue siempre defensor del derecho boliviano a una salida soberana al mar. En ese país también destacó en gimnasia olímpica y natación, llegando a integrar la selección chilena en ambas disciplinas.

Sus primeras armas actorales las probó en el colegio, en la obra “Médico a Palos” de Molière. Luego incursionó en la radio, trabajando en emisoras como La Reina, Magallanes y Bienvenida. Se licenció en humanidades y buscó empleo para ayudar a su padre, pero el llamado del micrófono ya se hacía irresistible. En la radio hacía imitaciones y comenzaba a descubrir su verdadera vocación.

EL RETORNO A BOLIVIA

Tras una década fuera del país, volvió a La Paz por pedido de su madre, quien lo había esperado durante años. Regresó con “ojos de extranjero”. Le sorprendían los acentos regionales y se propuso imitarlos; el que más le costó fue el cochabambino.

Decidió estudiar Construcción Civil en la Universidad Mayor de San Andrés, donde se graduó como ingeniero civil. Antes había cursado estudios de Química Industrial en el Instituto Pedro Domingo Murillo.

Cuando su padre retornó y fue reconocido con el grado de general de las Fuerzas Armadas, y gracias también a sus habilidades en gimnasia, Santalla obtuvo un puesto como Instructor en el Colegio Militar. Paralelamente trabajó en Radio Méndez y Amauta.

EL NACIMIENTO DEL HUMORISTA PROFESIONAL


En Radio Méndez surgió su deseo de animar auditorios. No se lo permitían, hasta que un día se cortó la energía eléctrica. Para entretener al público mientras solucionaban el problema, comenzó a hacer bromas. Aquella improvisación cambió su destino.

El dueño de la Radio, Alberto Méndez, lo presentó a Hugo Eduardo Pol. De esa unión nació el dúo “Alí y Babá”, que conquistó la radio, el teatro y la naciente televisión boliviana. Cada sábado por la noche, las ondas radiales llevaban su humor a miles de hogares.

Pero el éxito también trajo tensiones. “Alguien le dijo a Pol que él era el cerebro y yo el payaso, y él se lo creyó”, recordaría Santalla. El dúo se disolvió, y David decidió seguir solo.

“SANTALLAZOS” Y LA CREACIÓN DE UN UNIVERSO PROPIO


Así nació “Santallazos”, programa que consolidó su figura como creador integral. De esa etapa emergieron personajes que se incrustaron en la memoria colectiva:

• Toribio Waca Tocori Auqui Auqui, su alter ego más emblemático: joven de polera a rayas, pobretón, honrado y soñador. Sobre este personaje decía que al principio hablaba “como alemán” y luego adoptó un tono paceño quejumbroso, incluso para disimular el dejo chileno que aún conservaba.

• Don Enredoncio, cascarrabias que contradice todo. Este personaje representa al paceño susceptible y desconfiado, orgulloso incluso de sus propias sospechas.

• La imilla Salustiana, cholita tímida y osada. Salustiana fue su personaje más emblemático, con el que retrató, con picardía y agudeza, las ocurrencias de la cholita paceña. Con esta caracterización se destacó en obras como “El Matriqui de la Imilla” y “La Imilla y el Wámpiro”, que consolidaron su conexión entrañable con el público.

• Liboria (La Abuela), inspirada en su propia abuela.

• El negro Dominguín.

En total creó más de 50 personajes, todos inspirados en la vida cotidiana.

EL SALTO AL CINE


En 1977, el director Antonio Eguino le dio su primer gran papel en la película Chuquiago, donde interpretó a Carloncho.

Luego llegarían títulos fundamentales del cine boliviano:

• Mi Socio, dirigida por Paolo Agazzi, donde dio vida a Vito, el camionero pícaro y noble. Es su película más recordada, un filme que permanece en la memoria colectiva de los bolivianos. Este filme narra la entrañable amistad entre un camionero, don Vito, y un niño limpiabotas llamado “Brillo”, quien de manera ocasional se convierte en su ayudante durante un viaje desde Santa Cruz hasta La Paz. La travesía simboliza el encuentro entre dos culturas y dos generaciones.

Gran parte del mérito recae en la interpretación de David Santalla. No es exagerado afirmar que esta obra es, quizá, la película más querida por el público boliviano.

• Cuestión de Fe.

• Mi Socio 2.0.

• Cuando los Hombres se Quedan Solos.

Asimismo, participó en programas como Esta Boca es Mía y compartió escenario en Tra-la-lá Show, un café concert donde también recibió un emotivo homenaje por parte de destacados comediantes como Jenny Serrano, Ernesto Ferrante y Hugo Daza. Asimismo, trabajó junto a Hugo Pozo, Daniel Travesi, Cacho Mendieta y Ramiro Serrano en el espectáculo Cincuentallazos, consolidando su presencia en el ámbito teatral y televisivo del país.


EL ARTISTA FRENTE A LA ENFERMEDAD

En 2015 sufrió un accidente cerebrovascular y fue internado en el Hospital Arco Iris. Salió sin secuelas. A finales de 2021 anunció que había vencido el cáncer, pero nuevas complicaciones lo obligaron a internarse nuevamente. Tras un mes crítico, logró recuperarse y volvió a los escenarios, donde fue ovacionado.

Además, durante esta etapa de recuperación se dedicó a la escritura y publicó dos libros autobiográficos: “Aquel Niño Travieso que Fui” y “Aquel Jovenzuelo Travieso que Fui”. En ambas obras relató sus travesuras infantiles y sus anécdotas de adolescencia. Con estos títulos participó en distintas ferias del libro a lo largo del país, reencontrándose con su público desde otra faceta creativa.

Lamentablemente, en los últimos días su salud volvió a deteriorarse.

El querido comediante falleció hoy, 21 de febrero, a los 86 años, en la ciudad de Sucre, donde permanecía internado en el Instituto Chuquisaqueño de Oncología (ICO). El deceso se produjo a las 15:20, tras una prolongada lucha contra el cáncer.

David Santalla Barrientos será trasladado a la ciudad de La Paz, donde finalmente descansará en paz.

EL LEGADO DEL HOMBRE QUE HIZO REÍR A UN PAÍS


Con más de 60 años de trayectoria, David Santalla no solo creó personajes: creó espejos donde Bolivia se miró con humor y dignidad. En sus más de 50 obras teatrales retrató la realidad nacional con sátira, sensibilidad y humanidad.

Fue ingeniero, instructor, actor de teatro, cine y televisión, pero su verdadera ingeniería fue la de construir puentes entre la risa y la reflexión. Supo reírse del poder, del prejuicio, de la pobreza y de sí mismo, sin perder jamás la ternura.

Hoy Bolivia no solo despide a un comediante. Despide a un constructor de alegrías, a un cronista de la vida cotidiana, a un artista que convirtió la risa en patrimonio cultural.